Capítulo 26

el viento sobre las colinas de éire 26

Fue Fiall quien la acompañó aquella mañana hasta el riachuelo y quien la ayudó a lavarse el pelo, deshaciendo con delicadeza las trenzas que lo habían adornado durante su matrimonio; sólo le pidió que dejara una, escondida bajo la manta espesa de rizos interminables.

—A tu hermano le gustaba jugar con ella— se justificó.

El druida la observaba embelesado, el agua congelada erizaba la piel de la joven, pero ella no se quejaba. Advirtió que sus senos eran más grandes ahora que cuando se internaron el bosque para el ritual de adivinación unos meses atrás.

Desde hacía un par de semanas, Treasa insistía en que nunca se alejara de la aldea sola. «El parto es inminente» argüía, y el temor a que el momento la pillara en medio del bosque sin nadie que la asistiera la aterraba. En un invierno crudo, el olor de la sangre y la placenta podían atraer a compañeros no deseados y no estaba dispuesta a correr ese riesgo.

—Me pidió que le llamara Leary— suspiró—. Estaba convencido de que será un niño fuerte como él.

Ahogó el llanto en su garganta, todavía le costaba hablar de Conall sin ponerse a temblar como una niña.

Fiall la abrazó al tiempo que la envolvía en la capa de lana.

—Mi hermano no tenía grandes dotes para druida, pero estoy seguro de que, esta vez, no falló. Yo mismo lo he visto, será como dices— una mueca de alivio asomó en la cara de la muchacha—. Todo va a salir bien, no te preocupes.

A pesar de que las actitudes protectoras de todos para con ella solían irritarla, se contuvo; Fiall siempre conseguía que, sentirse frágil, no fuera algo negativo en absoluto.

 *****

Echna paseaba por la playa desierta contemplando ensimismada cómo las olas de más de seis metros se alzaban mar adentro; el viento azotaba las copas de los árboles cercanos a la desembocadura del río desprendiendo las últimas hojas secas.

Cerró la capa a la altura del vientre para darse cuenta de que no llegaba a cubrirla por entero. A diferencia de su primer embarazo, el segundo crecía rápido, y su barriga, a pesar de sus escasos cinco meses, avanzaba delante de ella como si tuviera prisa por llegar allí adonde fuesen.

Iobhar la esperaba en el salón enseñando a Mellan a coger un arco.

—No deberíais practicar con eso dentro— les riñó.

—Decídete: si fuera porque hace frío, si dentro porque no es lugar.

—Sólo digo que podríais esperar a la primavera y poner una flecha en él.

—Sí, papá, una flecha— se emocionó el niño.

— ¿Ves? Ahora quiere una flecha— recogió el arma de manos de su hijo.

—Iobhar, no me culpes a mí, un arco sin flechas no sirve para nada. ¿Cómo si no matará su primer conejo? ¿Dándole en la cabeza con el madero?— se mofó.

—Segunda lección de hoy— se volvió hacia el niño—. Nunca intentes llevar la razón si discutes con una mujer.

Echna le golpeó con suavidad en la nuca a modo de castigo por el comentario.

Los hermanos de la mujer entraron formando un alboroto.

—El Ard Rí reclama hombres— dijo el más alto de los dos con la emoción temblándole en la voz.

—Para ir a Alba— terminó el otro—. , nosotros iremos, ¿vendrás?— ignoró el gesto de su hermana. Iobhar dudó unos instantes antes de responder.

—Si Niall me llama, acudiré.

Un profundo suspiro de resignación brotó del pecho de la joven.

—Pero ¿qué hay de nuestros hijos?

Echó su espalda hacia atrás para hacer más notable su preñez.

—Serán hijos de un guerrero que trajo tesoros a Éire y que estará aquí para el nacimiento de lo que llevas en tu vientre.

Echna guardó silencio, no sería ella quien obligara a quedarse a un guerrero, aunque le diera pavor la posibilidad de que regresara muerto, o que no regresara, simplemente.

 *****

Encogía los párpados, tratando de distinguir la silueta de Deilg Inis. La densa niebla apenas la dejaba ver la punta de sus propios pies. Creyó reconocer el pico oscurecido de la zona por la que entraban las barcas, aunque también podía ser algún animal cruzando a pocos pasos de él.

Era como si el cielo se estuviera tragando todo lo que conocía poco a poco para dejar tras de sí la nada, si es que eso era posible.

Ni tan siquiera lograba escuchar el ruido del agua por más que se concentraba, y resultaba inquietante y desalentador no poder encontrar su antiguo hogar cuando acababa de perder el lugar que lo había sido durante los últimos cinco años.

Mirando en la dirección opuesta, la referencia del bosque comenzaba a diluirse en medio de la misma niebla. Unas líneas verticales atestiguaban que había árboles, tornándolo todo demasiado irreal, intangible; hasta la tierra que estaba pisando comenzaba a desaparecer bajo ella y sintió un enorme vacío, aún mayor que el que le provocó la muerte de Conall. Era la sensación de no tener a dónde ir, el desconcierto, y pensó que debió ser así como se sintieron los dioses hasta que encontraron los sidhe.

—Imposible cruzar hoy— sentenció Treasa tratando de ignorar la cara de decepción de su hija.

—El tiempo se agota— insistió ésta—, no creo que aguante hasta la luna nueva.

Estaba molesta, incómoda, le pesaba el cuerpo y, a pesar del frío, tenía los tobillos tan hinchados que cruzaba descalza la aldea, incapaz de meterse las botas. Fiall le había prestado una suyas, pero ya ni aquellas lograban contener sus pies abotargados.

—Mañana probaremos de nuevo— intentó tranquilizarla su madre.

Feenat se sentó junto a ella y la miró con sus ojos redondos y brillantes.

—Para entretenerte nos puedes contar una historia.

—Fee, no seas caprichosa— la riñó Niamh.

—No, está bien, algo habrá que hacer mientras el temporal pasa.

—La muerte de Balor— rogó Anle.

— Ni hablar, será Conla y el hada— protestó su hermana comenzando una riña que latía en los oídos de su tía.

— ¡Basta!— gritó cuando ya no pudo más— Será la que yo elija, par de mocosos— Niamh sonrió divertida ante la determinación que mostraba—. Deirdre(1), vais a escuchar la historia de Deirdre.

(1) Antigua leyenda de amor imposible, origen de la leyenda de Tristán e Isolda; en la que la joven Deirdre escapa con su amado Naoise lejos de su viejo marido Conchobar Mac Nessa, lo que provoca la persecución de éstos por toda Éire y Escocia, y que termina con la muerte de su amante y el suicidio de ella.

—No— protestó el niño—. Es una historia para niños.

— ¿Para niños?— Treasa levantó una ceja— Olvidas que hay traición…

—Y viajes allende el mar— siguió Torcan, que se había aficionado a los relatos de su cuñada en las frías tardes de aquel invierno de aspecto inacabable.

Anle agachó la cabeza, fingiéndose resignado, igual que cuando Fiall le reñía mientras trataba de inculcarle cierta disciplina.

«Para ser un buen hombre, tienes que ser trabajador; para ser un buen tánaiste, tienes que ser útil y, para ser un buen guerrero, tienes que saber cuidar de ti», le repetía; pero esta situación era distinta y, en vez de entornar los ojos deseando que aquello acabara pronto, se sentó tan cerca de su tía que casi respiraba sobre sus rizos deshechos por la humedad.

 *****

Sus gritos se escucharon con claridad desde el otro lado de la manga de mar asustando a Anle, que permanecía sentado junto con Eoghan y Breccan alrededor del fuego.

Los dos hombres continuaban trenzando mimbre para reparar las nasas rotas. El invierno tenía un ritmo frenético, aunque todas aquellas tareas quedaran ocultas bajo los techos de bálago, dando la sensación de que la actividad se limitaba a la mera subsistencia hasta la llegada de la primavera.

Los rebaños se amontonaban en sus cercados buscando el calor de sus congéneres, y los habitantes de las aldeas procuraban mantener encendidos sus hogares durante todo el día. La humedad se colaba por cada rincón convirtiéndose en cristales de hielo contra la mañana y las nieblas se internaban entre los troncos desnudos de los bosques acechando a las praderas desde su escondrijo.

El movimiento en los caminos se limitaba a lo más necesario y muy pocos se aventuraban a cruzar el reino con sus carretas o a pie. Los Fomoré tenían más poder en aquella época del año y cualquiera podía ser víctima de sus intentos por recuperara la isla. Esto era lo que más inquietaba a Breccan: si alguno de aquellos oscuros dioses decidía hacerse con su nieto, Ceara sería incapaz de soportarlo; desde la pérdida de Conall todas sus esperanzas se habían depositado en el nacimiento de un hijo sano.

La pequeña Feenat entró abrazada a una muñeca de paja, representación de Macha, a la que llevaba días rogando que el parto de Ceara fuera bien; el gesto enterneció a los hombres y su abuelo recordó a una Niamh niña con el mismo propósito muchos años atrás. Cada día se parecía más a su madre y no sólo físicamente.

—La abuela está con ella, hará más por la tía que esa diosa de paja que traes.

Anle se burló de su hermana.

—La diosa la ayudará, y la abuela también, y tú no entiendes nada de esto.

Se sentó junto a Breccan con un aire de suficiencia.

*****

Al otro lado del agua Treasa también se encomendaba a Macha y Brigit(2) en silencio, mientras frotaba la espalda de su hija, que se encorvaba con las contracciones más fuertes sin emitir ya sonido alguno más allá de un leve gemido, cansada y con la voz rota después de una hora de dolor insoportable.

Se había negado a tomar medicinas que la ayudaran a mitigarlo.

—Es lo que tiene parir al hijo de un lobo.

(2) Ambas eran consideradas de gran ayuda en el momento del parto y a ellas se consagraban las parturientas.

Aunque aquello fuera cierto, Niamh había logrado endosarle un poco con las raíces que masticaba para descargar la presión.

El olor era desagradable en la pequeña choza, concentrando el sudor con las heces, la sangre y el líquido amniótico. Unas pequeña hojas ardían en un extremo tratando de purificar el aire, volviéndolo más irrespirable aún. Pero la puerta permanecía cerrada protegiéndolas del gélido viento de Yule(3). Fuera, la escarcha se amontonaba por todas partes y la cercella cortaba como un cuchillo.

(3) Festividad de Pleno Invierno, celebrada un par de días después del Solsticio, cuando la fuerza del cambio había decrecido. Coincide con la celebración de la Navidad cristiana.

—He oído que los romanos les cortan el vientre a las mujeres y sacan al niño cuando los partos se complican— susurró Orna a su hermana.

—No creo que Treasa quiera oír hablar de ello ahora.

Etaine no apartaba la mirada de la bandrui. Habían asistido partos peores, pero este era distinto, el empeño de la mujer por que todo saliera bien iba más allá de los desvelos lógicos de una madre.

Los últimos esfuerzos de Ceara dieron su fruto, y el pequeño resbaló a manos de su tía.

— ¡Niño!— le limpió suavemente antes de dárselo a la.

—Leary— susurró Ceara besando su cabecita todavía pringosa y, como si fuera consciente del significado, emitió un llanto cuyo inicio recordó al mugido de un ternero.

—Seas bienvenido, Leary MacConeill.

La abuela le dibujó, con el dedo manchado del líquido que lo acompañó al nacer, unos símbolos en el pecho y luego salió, dispuesta a cruzar a la aldea para darle la buena nueva al resto de su familia.

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4 comentarios en “Capítulo 26

  1. ¡Esperando el final! 🙂

    En este capítulo he visto algo que no acaba de cuadrarme:

    —No— protestó el niño—. Es una cursilada.
    — ¿Cursilada?— Treasa levantó una ceja— Olvidas que hay traición…

    Aunque quizá solo es una apreciación personal, la palabra “cursilada” me suena algo anacrónica en este contexto. Yo tal vez optaría por decir que “es para mujeres”, “no es para hombres”…, que, aunque ahora nos suene muy machista, me parece un lenguaje más cercano al ambiente y personajes de la novela.
    La etimología de la palabra es discutida http://etimologias.dechile.net/?cursi

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    • Gracias de nuevo por la anotación, aunque discrepo sobre esa apreciación de género. Los celtas no distinguían tanto entre las “cosas” de mujeres u hombres. Aunque sí entre cosas de niños y adultos, y quizá opte por cambiarlo en este sentido.

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      • ¡Uy, Aurora! Ahí si que yo no llego ni de lejos. Aunque me gusta la cultura celta, no sé mucho de ese tema, ¡por eso te leo a ti! 😀
        Además, ya te he dicho que solo era una apreciación personal muy subjetiva, al hablar el niño he visto a alguien más actual, no lo he imaginado en el entorno de la novela, pero tal vez solo me ha sucedido a mí 😉

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