Capítulo 20

el viento sobre las colinas de éire 20

Volver a entrar en el rath se le hizo extraño, todo lo que podía recordar del día que se marchó de allí era la mirada de Iona cargada de inquietud y un mensaje claro: «Cuídate de lo que haces con mis hijos.»

La reina no estaría para reprocharle haberse casado con Conall y, en cierto modo, lo lamentó; a pesar de todo estaba convencida de que ambas hubieran llegado a entenderse.

Unas niñas les esperaban en la entrada de la casa con coronas de acebo para ella. El gesto la conmovió, era la primera muestra de cariño en su nuevo hogar.

La casa le pareció más extraña que la primera vez; que estuviera construida con varias estancias no dejaba de llamarle la atención, ni sus paredes de barro.

Ultan insistió tanto en que ocuparan su antiguo lecho que Ceara se sintió incómoda, lo último que quería era usurpar su sitio al buen amigo de su padre.

—Bobadas, necesitáis esto más que yo— y añadió un brillo pícaro a sus palabras—.Tenéis que darme nietos.

—No sufras padre, nos pondremos a ello enseguida— Conall arrastró a su esposa con él.

Observó que la cama había sido cambiada y que la cornamenta del ciervo que Conall mató en su transición coronaba el cabecero. Hasta el baúl, su carcaj y su arco estaban en un rincón. Aquel detalle le agradó, no creía que fuera a sentirse tan querida en Bré y una sonrisa le iluminó el rostro.

A su mente acudieron las palabras de Iobhar el día de la boda de Niamh; podía ser que tuviera razón, pero jamás se lo haría saber.

Aoifa asomó la cabeza deseando saludar a la recién llegada. Por lo que la joven recordaba, no habían existido tiranteces entre ellas y seguro que le gustaría tener a otra chica más o menos de su edad cerca; Conall se había cuidado mucho de no comentarle nada sobre los días posteriores a la muerte de Iona, y Aoifa se mostraba ahora encantada con la idea de tener a la joven entre ellos; como había dicho Ultan, sólo hablaba su dolor y éste iba desapareciendo con el tiempo.

Ceara se dio cuenta enseguida de que el Rí Tuaithe había orquestado todo aquello para que se sintiera cómoda, por lo menos al principio, y se lo agradecía de corazón.

—Te la robo, primo, tengo algo para ella.

No dio tiempo a respuestas y la llevó tras de sí hasta la casa detrás de la cocina donde una mujer rolliza y ya mayor la recibió con calidez.

—Bienvenida a casa, princesa— aquel “princesa” sonó más a una madre que a alguien que se pone al servicio de otro—. Tenemos una sorpresa para ti. Una idea de Aoifa.

La chica se mostró nerviosa, deseando desvelar lo que, con tanto cariño, le habían preparado.

Cruzaron el patio, pasaron ante el corral donde las gallinas cacareaban, y entraron en una pequeña cabaña. Cuando sus ojos se acostumbraron a la poca luz que había dentro, se fijó en la mesa que ocupaba el centro y en los manojos de plantas que colgaban sobre ella, tan parecido al secadero de su isla natal.

— ¿Te gusta, verdad?

— ¿Bromeas? Es el mejor recibimiento que podía esperar.

Los ojos le brillaban, mezcla de emoción y agradecimiento. Los días previos a su boda se había dedicado a recorrer Deilg Inis, cada rincón guardaba un pequeño secreto y quería despedirse de todos, recuperarlos, guardarlos muy dentro, para que nunca pudieran escapar; y ahora se encontraba con una pequeña parte de su mundo en Bré.

Abrazó a la chica con fuerza, dejando que alguna lágrima brotara de sus ojos verdes volviéndolos aún más brillantes.

*****

Los días de Conall se repartían entre ayudar a su padre y resolver los conflictos entre los vecinos una vez por semana; los de Ceara se centraban en recoger medicinas y visitar a los enfermos que requerían sus conocimientos.

Aoifa la ayudaba muchas de las veces intentando absorber todo lo que podía de ella, añadiéndolo a lo que Branwen le había enseñado durante los años.

Ultan no podía evitar un gesto de satisfacción cuando veía a las tres mujeres; al principio había tenido miedo de que el espíritu de Iona le complicara las cosas a su nuera, pero la habían acogido bien y ella se hacía querer, siempre dispuesta a echar una mano donde hiciera falta.

Las noches eran el único momento en que la pareja encontraba tiempo para estar a solas.

—Mañana Aoifa y yo tendremos que ir un poco más lejos. Unos pastores han tenido un accidente, la hija del porquero llegó hoy con la noticia.

— ¿Necesitas escolta?

—De ninguna manera. Lo último que quiero es ir anunciando que soy tu esposa. Déjame ser una mujer de Deilg Inis. Mi madre y la bandrui nunca llevaron a nadie.

—Eso es porque dais miedo.

—Nosotras preferimos llamarlo respeto— se acercó a él con la mirada brillante—, y tú, Conall, ¿me temes o me respetas?— se sentó a horcajadas sobre él.

*****

Aprovechando que su sobrina estaba fuera con su nuera Ultan se reunió con su hijo. Se había pasado los últimos días consultando con el consejo; se sentía anciano y cansado, iba siendo hora de que Conall tomara las riendas del tuath, si los ancianos estaban de acuerdo.

—Para todo hombre hay un tiempo y para cada tarea una edad. Yo ya he sobrepasado con creces la que me permite ser un buen . Cada vez me cuesta más ser justo y no dejarme convencer por sensiblerías. El consejo ha dado su aprobación, pronto serás coronado Rí Tuaithe.

—Padre, no eres tan viejo,

Después de toda una vida esperando aquel momento sintió miedo por la responsabilidad y lástima por el hombre que tenía delante, de aspecto derrotado.

—No es que lo sea, es cómo me siento. Tú has demostrado capacidad para cumplir con esta tarea y luego está Ceara; esa niña ha logrado calar hondo en el rath, creo que ella ha tenido mucho que ver con el visto bueno a tu… vuestra coronación.

—Sé que ella ha mejorado la imagen que tenían de mí.

—Y tu carácter.

—Puede que eso también— rió.

Ciertamente, la capacidad para mantener la calma de Ceara había contribuido a que él se mostrara menos orgulloso y más cercano; había descubierto que el respeto no necesitaba de grandes muestras de fortaleza, sino de inspirar confianza.

*****

Una copiosa nevada había cubierto todo con su blancura, delatando el camino que cada habitante había hecho fuera de su casa, testigo mudo del ritmo que inundaba el rath.

La casa del Tuaithe estaba abierta a los vecinos y visitantes, y todos esperaban ansiosos que llegara el mediodía.

Aoifa se afanaba en lavar el pelo de Ceara; había insistido tanto que ni la propia Treasa logró disuadirla. Era su contribución a la ceremonia de coronación de su primo, quería que la nueva reina estuviera perfecta cuando el aro de bronce se posara en su cabeza, que resultara difícil distinguir el brillo del metal entre el cabello cobrizo; tal era la imagen que tenía en mente.

En otro lado, Conall se reunía con Iobhar, Fiall, Breccan y su padre; habían llegado desde Deilg Inis y Dubh Linn invitados por Ultan, ansiosos por compartir con ellos aquel momento y rendirles honores como nuevos reyes de Bré. También el bisabuelo de Ceara había venido con ellos a pesar de su avanzada edad, y ahora estaba en el río hablando con los dioses, necesitaban saber que la ceremonia contaba con su bendición.

Los únicos ausentes, y no por falta de ganas, eran Niamh y su esposo; la herrería del padre no podía quedarse vacía, menos en invierno, cuando los labradores aprovechaban para reparar sus útiles. El trabajo se duplicaba en aquella época del año y habría sido imposible que un aprendiz cumpliera con los encargos a tiempo, incluso Breccan había dudado sobre si asistir o no, pero Treasa no le había dejado alternativa.

*****

Los tambores comenzaron a sonar con un ritmo asincopado anunciando la entrada de Conall. Su cabello negro brillaba a la luz de las antorchas y los adornos metálicos de su boda refulgían en tonos anaranjados reflejando el fuego.

Según el joven avanzaba entre la multitud que se aglutinaba deseosa de verle coronar, fijaba su mirada en el viejo druida que le esperaba frente al asiento que ocuparía a partir de entonces siempre que tuviera que resolver disputas o impartir justicia.

Las flautas rellenaron los huecos que el golpeteo dejaba en silencio y él no podía dejar de pensar que aquella música sólo podía presagiar buenas cosas, arrastrando los temores que le habían invadido desde que Ultan le comunicó la voluntad del consejo.

Se colocó frente al anciano y esperó; un sonido más agudo y dulce anunció la entrada de Ceara, más hermosa aún que el día en que se casaron, más sonriente y serena, y más solemne. Recorría con sus ojos cada rostro que la rodeaba intentando reconocer a sus vecinos.

Una palabra dulce brotó de sus labios cuando llegó junto a él y el silencio se hizo, indicando el inicio de la ceremonia.

—Conall, hijo de Ultan— se dirigió en primer lugar al hombre—, el consejo de Bré ha decidido que seas su Rí Tuaithe. Como tal deberás administrar justicia, siempre teniendo en cuenta las necesidades de los que la demanden. Habrás de ser ecuánime y no dar nunca por sentando que lo más evidente sea lo más correcto. Los dioses te han dado su bendición y me han pedido que te recuerde el origen de tu nombre. Tú eres Conall, fuerte como un lobo, y así lo demostraste el día de tu transición trayendo contigo esta piel.

El anciano sacó de la nada el pellejo blanco de la alimaña y se la colocó sobre los hombros.

—Déjate guiar siempre por su espíritu. Un jefe de manada debe ser fuerte, pero también albergar un corazón capaz de ayudar a los que le necesiten, y ser hábil encontrando el equilibrio entre su fiereza y el bien común. Sé que en tu interior están el coraje y la inteligencia de tu nombre, hoy eres coronado Rí Tuaithe de Bré— elevó el aro sobre su cabeza, sin apoyarlo en ella aún—. Los dioses te guarden y guíen, Conall, el lobo— finalmente colocó la corona.

—Ceara, hija de Treasa— se giró entonces hacia ella—. Brigit te escogió como esposa del lobo no sólo por tu belleza. La diosa sabe de tu astucia y habilidades, desciendes de una larga estirpe de bandruid y su sabiduría habita en tu corazón. Ayudarás a Conall a ser justo y cumplirás con su labor sola cuando él no esté.

La corona, tal como Aoifa pretendía, se confundió con el color de su cabello.

Una mirada decidida inundó a Treasa, conmovida por la complicidad que emanaba de la pareja; serían buenos Righ, el equilibrio perfecto, y eso sólo podía hacerles felices.

—Pueblo de Bré— siguió el druida—, estos son Conall y Ceara, vuestros reyes. Acudid a ellos para pedirles consejo y recordadles, si fuera necesario, que en el día de hoy juraron serviros como iguales, como amigos, como familia. Los dioses les ayuden en su camino.

La sala se llenó de ruido, palmadas y gritos que anunciaban que el rath tenía un nuevo ; a su salida por el mismo pasillo por el que habían entrado, los niños tiraban ramas de helechos a sus pies.

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2 comentarios en “Capítulo 20

  1. “Los tambores comenzaron a sonar con un ritmo asincopado anunciando la entrada de Conall.”
    Ya se de donde sacaron en Literautas la idea para el taller de Mayo, jajaja.

    Siento haberte leído tan tarde, pero este mes he ido un poco loco y hoy que tenía un hueco, he aprovechado. La historia gana por momentos, veremos donde nos lleva todo esto. Un abrazo Aurora.

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    • Gracias por comentar, Wolfdux. Me alegro de que te esté gustando, y confieso que ni me acordaba de esas líneas cuando vi el taller de mayo de Literautas ¿qué clase de madre soy que no me acuerdo de estas cosas? Me había ahorrado escribir una historia nueva para el taller, jajajaja.

      Le gusta a 1 persona

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